Acto 3.

Los movimientos de mis dedos
En tu agria sangre nunca son torpes.
Recuerdo la primera vez que te vi
Traías un traje completo de bosques
Pero descubrí que bajo todo eso había agua cristalina.
Sabes que el dolor ya no existe,
Al fin estas muerta.
En mi cama tendida, eres alguien más del montón.
Te desmemorié hasta cansarme,
Eras tan suave y dulce por dentro.
Jamás pudiste pronunciar bien mi nombre.
Jamás fuiste el huracán que tanto creías.
Despedazarte costo solo un segundo,
Tu voz se apagó perra agonizante.
No tengo ni una gota de lastima,
Lo único que hago es nadar en un río de felicidad.
Sé que soñabas con este momento,
Y sé que morirán tratando de encontrar las pruebas
Porque no existen culpables,
Simplemente no los hay.
La sangre sabe como tapar los profundos precipicios.

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MIERDA, ESTO ES MIERDA...

Sueños.

Los sueños traen consigo momentos de total claridad. Mundos que disfrutan de una realidad pura, vidas y relaciones perfectas. Atarse a algo tan simple como una suave mano y dejarse llevar a través de una carretera infinita que esconde en su fondo un paisaje sin igual.
El tiempo parece no tener cabida y la lógica empieza a desaparecer detrás de nuestros más ocultos deseos, deseos que nos dejan satisfechos, y más que satisfechos, felices.
La fuerza de que todo puede cambiar en tan solo un segundo, es algo que se asemeja cada vez más al típico cliché norteamericano, pero sabemos disfrutar de eso, es un salvavidas en un mar desierto.
Obviamente como todo en cualquier mundo, existe un final, una última página que es escrita con tintes que siempre permanecerán.
El nuevo salto al mundo de la real mierda se produce en el momento menos indicado.
Con el tiempo aprendemos a cargar con eso, y sabemos que lo único más claro que la muerte es que no lograremos jamás vivir de los sueños. Pero nos excita saber que al caer la noche volveremos al mundo que es totalmente nuestro.

Cada vez que despierto dentro de mis cuatro paredes, sé que es el inicio de la extensa pesadilla, tendré que ser fuerte, tendré que resistir, hasta que me entregue a tus brazos cuando vuelva a dormir…