Acto 3.

Los movimientos de mis dedos
En tu agria sangre nunca son torpes.
Recuerdo la primera vez que te vi
Traías un traje completo de bosques
Pero descubrí que bajo todo eso había agua cristalina.
Sabes que el dolor ya no existe,
Al fin estas muerta.
En mi cama tendida, eres alguien más del montón.
Te desmemorié hasta cansarme,
Eras tan suave y dulce por dentro.
Jamás pudiste pronunciar bien mi nombre.
Jamás fuiste el huracán que tanto creías.
Despedazarte costo solo un segundo,
Tu voz se apagó perra agonizante.
No tengo ni una gota de lastima,
Lo único que hago es nadar en un río de felicidad.
Sé que soñabas con este momento,
Y sé que morirán tratando de encontrar las pruebas
Porque no existen culpables,
Simplemente no los hay.
La sangre sabe como tapar los profundos precipicios.

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