Pirámides de estaturas insignificantes.
El suelo se pierde bajo la tierra.
Es firme, muy firme.
Pero los malos no saben como pisar.
Corren entre ellos,
los espíritus de la muerte.
Destellos en el ancho del cielo.
Voces bajan, voces suben.
Me estoy acercando,
pero los árboles me lo impiden.
Corrí por un momento,
creí haberlos dejado atrás,
pero el Sol me iluminó,
otra vez.
Sangré en ellos.
Las partículas de mi rostro,
las arrastro el viento
Eso fue,
lo que me arrojo lejos de aquí,
una vez más.
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