Ya no existen los días,
En que no quiera parar de escribir.
Ya no existe un solo lugar,
Algo estático.
Ya no existe calma,
En la canciones que escucho.
El cambio de escenarios es constante en mi cabeza.
La diversidad de acordes es mágica.
Ya no existe la soledad,
En el sonar de los bombos.
Las teclas del piano,
Se distribuyen por mis manos.
Algo maravilloso sucede.
Ya no existe la falta de aire en mis oídos.
Y ya no existen las flores que tratan de sobrevivir,
Sólo viven.
Felices.
Como siempre debería haber sido.
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