Ella recorre el mar,
De playas paradisíacas.
Su pelo es azul,
Moviéndose al son de las olas.
Sus piernas van creciendo cada vez más.
Aprecio su rostro,
Un poco raro quizás.
Piel pálida por la luz del satélite.
Una lluvia de estrellas se posa en sus ojos.
Su boca, lo más hermoso que recuerdo,
Sabía a delfines danzantes,
Tratando de capturar a su presa.
Flotó una vez más,
Emergiendo sus pechos lunares,
Sin punto de gravedad.
El centro se abrió,
Disparando una miel a mis manos,
Tenía un sabor mágico,
Algo alucinante,
Que se apoderó de mi cabeza.
Apreté sus manos y su cuello,
Acabando con ella,
En el primer intento sin luz.
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